25.5.14
Sucede que, en un burdo parafraseo del poeta, no me canso de tu nombre, que no me sale quererte a medias. Que cuando voy a quererte menos y aprieto los puños y me concentro y frunzo el ceño y cierro los ojos el silbato nunca suena y entonces no salgo nunca corriendo, si acaso hago trampa y enseguida vuelvo. Sucede que hablo y callo y soy en imperfectas palabras, en imperfectos verbos inacabados. Sucede que no me sale esto de hacer que no sucede, sucede que no me sale mirarte en pasado ni arrancarte las manos, que no sé hacer esto de desempañar los cristales. Sucede que no me sale arrancarme la nariz para no olerte el pelo en cualquier lado, que no me sale borrarme los perdones. Sucede que en realidad todo lo que sucede es que no sucede, pero sucede, y el no esperar que suceda y el esperar que sucede, sucede.