Para cada noche sentir la ausencia de los besos en la cama
que desean sueños tranquilos.
Añorar abrazos, canciones, cuentos y
confidencias de madrugada.
¡Reconozco que nunca fue lo mismo
arroparse que sentirse arropada!
Ya no intento contar hasta 3 cada mañana
para repetirme al despertar que hoy sí queda dicho,
porque ya ni a mí misma me engañan
los propósitos no cumplidos.
Y no decirnos nunca nada,
porque nunca nos lo hemos dicho.
Dejar que el miedo ahogue las palabras
que jamás nos dirigimos…
No derribar la barrera que avanza
a más años recorridos.
Y callar los silencios fingidos,
y cerrar los ojos ante los deseos de miradas
que ocultamos desde niños.
Dejar crecer la distancia,
cuando el nudo nos aprieta y morimos
a cada segundo que se escapa
lleno de intentos fallidos.
Supongo que carece de importancia
que ahora ya, son cosas de críos,
¡pero cómo odio esta puta cobardía,
que siempre se lanza
para desatar nuestros caminos!