21.7.14

Estiu

Nos drogábamos. De noche. Y yo, que nunca había bailado delante de ti, movía los brazos de la única forma que sé. Era probablemente la coreografía más absurda de la historia. Me gusta bailar, ahora ya lo sabes. Pero no sé hacerlo. Me muevo. Muevo el cuerpo dejándome llevar. Y ya. Bailaba con las piernas encima de ti y tú te girabas con la mirada perdida, probablemente en otra cosa, en Decáart, Fucó o el pianismo (in)trascendente. Y nos drogábamos. De noche. Poco. Con esa música que nunca volverá a ser la misma. Esa música que me has pervertido más que el sexo perverso de borrachos. Se acumulaban las botellas, nos apestaban los alientos. Desde arriba tu mesa es una diana que suma dardos y dardos de cristal. Doble o nada. Doble malta. Sudor de verano. Domingos eternos mientras nos drogábamos. Yo me retorcía en cuanto me dejabas sola, un poco por falta de control del cuerpo y un poco intentando dibujar con ingenuidad y estupidez una silueta seductora, inclinando la cadera y tirando el pelo a un lado, probando a imitar a las modelos de los cuadros, que yo me supongo que ellas le han echado horas a esto, para que la miraras cuando llegaras de la cocina, del baño, de quiénsabedónde en aquella casa infinita. Probablemente la imagen que te llevabas era más desoladora que mi intento fallido de seducción, que mi Venus ciega y sobreactuada: una pierna estirada por ahí, la punta de los dedos del pie de la otra intentando sin éxito rozar el suelo y forzando así cualquier antiestética tensión muscular. Los pelos despeinados y asimétricos, la cadera inclinada de la forma más antinatural posible, la espina dorsal torcida como un gatito asustado. I baixa l'esperança i puja el pà. Y un tal Lesli que toca la trompeta mientras nos drogábamos y cada vez se hundía más el sofá que quizá era el sofá quizá nosotros, y quizá clichés de siempre. Y la sensación de eternidad que da lo inmaterial, y la sensación de eternidad de las noches de verano. Yo me quedaba ahí con el humo en los pulmones y tus piernas justo debajo y tu sofá casi en el suelo, o tus piernas en el suelo o nosotros mismos. Ahí, donde nos drogábamos poco, donde compartíamos burbuja y percepciones desviadas. Donde compartíamos boca y bocados y magias. En esa imprecisión del tiempo y el espacio y de la mirada me quedaba y no poco para acabar la última calada y la luna se esfumaba conmigo la noche eterna. Perra de vida y no pervesa de palabras agotadas, el sol ha eixit, la ràdio sona y nosotros, que no estem vius, que más lo estábamos antes antes, de noche, hacemos caso a la alarma del día y desfilamos en procesión hacia la cama, y entonces calor de tienda de campaña y el sueño que siempre es solo aunque se rocen los cuerpos. Y dormimos, drogados poco, y que dure y nunca llegue el hambre de posguerra.

25.5.14

Sucede que, en un burdo parafraseo del poeta, no me canso de tu nombre, que no me sale quererte a medias. Que cuando voy a quererte menos y aprieto los puños y me concentro y frunzo el ceño y cierro los ojos el silbato nunca suena y entonces no salgo nunca corriendo, si acaso hago trampa y enseguida vuelvo. Sucede que hablo y callo y soy en imperfectas palabras, en imperfectos verbos inacabados. Sucede que no me sale esto de hacer que no sucede, sucede que no me sale mirarte en pasado ni arrancarte las manos, que no sé hacer esto de desempañar los cristales. Sucede que no me sale arrancarme la nariz para no olerte el pelo en cualquier lado, que no me sale borrarme los perdones. Sucede que en realidad todo lo que sucede es que no sucede, pero sucede, y el no esperar que suceda y el esperar que sucede, sucede. 

19.3.14

Sin título

Si supiera me construiría un orgullo. Un orgullo invisible, pero un orgullo escudo, un orgullo armadura. Me construiría un orgullo de los que juegan al escondite, de los que nunca encuentras, de los que les gusta jugar al pilla pilla. Me lo construiría y lo llamaría y lo buscaría por las sombras, sabiendo que está, sabiendo que no se ha ido. Que me observa y se ríe, que intenta que aprenda. Un orgullo amigo, un ego pequeño, pequeñito, un animal de compañía. Una capa o un sombrero elegante, solo para ocasiones especiales. Una joya bajo caja fuerte de contraseña olvidada, de llave perdida. A él me lo haría parecido, solo que un poquito más yo y menos lo que quise o lo que pude o lo que no seré, le cambiaría el peinado de vez en cuando, le llevaría a comprarse ropa, tendría zapatos de domingo y le leería los cuentos de siempre para antes de dormir. Un orgullo que existiera por su inexistencia, que se levantara por las mañanas, que se apareciera en las bolsitas de té y me tapara los ojos para darme un susto. Un miniser miniego miniyo, diminuto y ausente, que cabe en el iris del ojo y que sobre todo no se resbalara aunque hubiese lágrimas. Un orgullo escéptico, sospechoso, un orgullo serio y enfadado, un minirabioso y engreído, un minimanifestante, unminirebeldesincausa, pero un orgullo, al fin y al cabo. Un yo que se crea y que sepa yo. Unminicreyente, un miniagnóstico pero un minialgo que supiera qué somos, un minialbañil constructor de barreras y fronteras, unminialbañil destructor de tantas otras. Unminisuper orgullo, pero un orgullo, al fin al cabo.

26.1.14

Coplas a la muerte del arte

Aquí yacen las palabras
la sangre de alma y de piel
terciopelo
todo grita y luego marcha
la princesa, el vientre infiel
los Romeos.

Se apagan todas las llamas
se secan pluma y pincel
con el fuego
las plumas y telarañas
los muebles de color miel
los sombreros.

Mientras tanto Hamlet, Max
discuten y se recitan
en los ecos
y hacen mutis por detrás
que no perviertan la tinta
de los versos.

Aqui yace pues memoria
del aplauso sin sonido,
vidaessueños.
Y descanse en paz la historia
que después del desafío
llega el duelo.

24.1.14

Efímero(s)

Yo, que sabía jugar con las palabras, ya no juego contigo. Yo que te rimaba a todas horas, yo que te construía en metáforas y en hipérboles. Yo que te buscaba el sentido y el verso exacto, yo que te pensaba en endecasílabos, yo ya no te rimo.

Yo que te quise conocer el cuerpo y conocer el verso y conocerlos al mismo tiempo, yo que te busqué en los ojos de sonetos y de papeles medio tachados, yo que te vi arte incluso en la forma de coger la taza de café con la resaca de tu vida.

Yo no te rimo porque ya no soy poeta.

28.12.13

Detendencias

Te dependía como dependía del café por las mañanas. Me agriaba no verte como era agrio el café cuando decidí no echarle azúcar nunca más (a ver si en una de aquellas te aparecías en el poso). Me ofuscaba. Tu aroma me cambiaba el día. Saber que te tenía al despertar. Por eso fue duro despedirte. Despertar, despedirte. Despedirte a tu lado, despertar a tu lado sabiéndote despedido. Por eso fue duro, porque mi cuerpo te dependía, porque mi cuerpo te sabía y tu cuerpo me sabía como sabía el café de las mañanas. Intenso. Escalofrío.

11.11.13

Efímeros (número)

De naturaleza, esperaba.

20.10.13

Del antes y el después

Ahora que no quedas, que te deshaces, que te consumes.
Ahora que quedamos nosotros y tú eres a penas, sin saber que eres, sin saber que fuiste.
Ahora que te vas tan lento que parece que no te vas, que te resistes a irte como este verano eterno. Que te difuminas y entonces la cama vacía y las palabras en pasado. Y el silencio, silencio. Y el silencio.  
Ahora que no te quedan fuerzas, sólo cuerpo encerrado y alma también presa. Ahora que duermes.
Ahora que estás pero no estás y se exprimen las últimas horas.    
Ahora que quizá escuchas y oyes sobre miedos y algunas risas y lágrimas y ahora que "todos están tristes y no sé por qué". Ahora que nunca estás sola pero que nunca lo estuviste tanto. Que te aprietan manos conocidas y manos ajenas, que tienes las manos más suaves del mundo. Que te llegan confesiones que se confiesan más ante sí mismos que ante ti, que ya te has confesado suficiente con la vida. Ahora que eres tú pero que ya sólo quedas respirando, ahora que quizá los sueños aún te reconozcan y jueguen a clavarte las palabras y las imágenes ahí donde no puedes defenderte, pero ahí donde aún vives. Ahora que si nosotros somos valientes a ratos, tú eres una superhéroe. Ahora que agotas hasta las últimas gotas del gotero y de la vida. Que te vemos a lo lejos como un punto y cuerpo difuso, ahora me pregunto a dónde va la luz si no puede ir hacia la luz.
Ahora que aún eres ahora... 

____

Ahora que no estás pero que estarás, que aún no me creo que ya no hay ronquido entre respiración lenta. Estás, estás, estás. Te siento, te siento. Lo siento.
Y siempre por encima la muerte, que nos deja ser egoístas, colgar el disfraz de panaderos superhéroes durante 24 horas. El resto es de noche, el resto se olvida.

10.4.13

Justo cuando supo quién quería ser, sólo quedaba el mundo para hablar de lo que había sido.