Estás tan cerca
y sin embargo tan lejos.
Te veo,
pero no te miro.
Te oigo,
no te escucho.
Te toco,
y no te siento.
No me resigno a asumir
que quizá el libro esté completo...
Ya no quedan historias, palabras,
momentos.
Recuerdos...
Es duro saber
que todo se va desvaneciendo.
Fiera despiadada,
tiempo
que erosiona nuestro corazón,
y mata aquellas cosas
que le hacían seguir latiendo.
Alma débil,
que se levanta porque aparecen nuevos vientos.
Y sin embargo,
¿es igual el fénix que muere al que vuelve a alzar el vuelo?
A veces la peor de las condenas
es silencio.
Y eso es.
Silencio.
Palabras vacías.
Cuentos
que ya no dicen nada,
¡y tanto dijeron!
Estás ahí,
y sin embargo no te encuentro.
Todavía puedo leerte en aquel libro
que no se cierra,
a pesar de estar muerto.
Podría decir que te añoro.
(Ni yo sé lo que siento)
Fue tanto y tanto.
Blanco.
Negro.
Todo caído en el abismo del tiempo.
Ya no sé quién eres,
pero sé que sigues ahí.
Presente.
Pretérito.
No te has ido
y sin embargo no has vuelto.
En mí ya no estás, y
duele tanto saberlo.
Sombras,
pero no olvido.
Quizá sea cierto.
No.
Yo no te he perdido,
aunque ya no te tengo...