Si algún día yo dijera
que algo espero de la vida,
no se engañe, no le engaño:
mentiría.
De la vida…
¡de la vida yo espero la vida!
Espero el sol de los cielos,
y a la luna, con su telón negro.
Espero… la sonrisa de un niño,
las historias de un anciano
¡las velas de un cumpleaños!
Que las gotas empapen mi cuerpo
en cualquier día nublado,
que el calor me abrase en los veranos
¡y un abrazo en los inviernos!
Yo espero de la vida
las lágrimas, ilusiones,
felicidad y desesperanzas,
¡tristezas, alegrías!
Espero los minutos de más en la cama,
los sábados de madrugada,
el pan recién hecho...
¡El olor de las mañanas!
La pasión en los momentos
en que todo está en calma.
Los ojos cerrados y el sueño,
¡Los sueños de ojos abiertos!
¡... De la vida!
De la vida yo no espero más
que vivir y haber vivido,
que crecer y haber crecido,
¡sonreír y haber llorado!
Y como no es la vida
más que vida,
más que heridas
y risas
que las van curando...
Si algo puedo aconsejar,
y ahora, sin mentiras,
es que si usted quiere vivir... simplemente
¡viva!
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